Los conoces, pero no sabías que se llamaban así: retruécano, calambur y disfemismo

En el lenguaje de todos los días empleamos mecanismos para llamar la atención de nuestros interlocutores mediante el uso del lenguaje de forma original, lúdica, chistosa o sugerente. Estos mecanismos reciben el nombre de figuras retóricas, y tienen nombres que suenan a enfermedades de otra época. Los vemos a menudo en el lenguaje publicitario, periodístico y político, como también en tiras cómicas, chistes y adivinanzas. Existen muchísimas figuras retóricas, más de doscientas, según esta lista. Aquí, tres de mis preferidas.mafalda1

Retruécano

“El sentido común es el menos común de los sentidos” ejemplifica esta figura que consiste en invertir los términos de una proposición en la siguiente parte de la frase para contrastarlos y lograr un mayor efecto comunicativo. Los chistes que empiezan con “no es lo mismo” entran en esta categoría: no es lo mismo un baño de maría que hacérselo a María en el baño.

Calambur

Oro parece, plata no es. Te la digo, te la digo, te la vuelvo a repetir; te la digo veinte veces y no la sabes decir. En estas adivinanzas se hace uso del calambur para incluir la respuesta en la misma proposición (el plátano y la tela, respectivamente). El calambur es un juego de palabras que consiste en cambiar el significado de una frase o palabra agrupando sus sílabas de forma distinta. R. Vilches documenta, en su libro Curiosidades literarias y malabarismos de la lengua (1955), un chiste con un par de calambures, que esperemos que no cause tanta gracia como en tiempos pasados:mafalda2

“Se cuenta de un campesino que, afanado en cortar las ramas de un árbol, le gritó, desde lejos, a su mujer: ‘¡Tráeme l’hacha ancha!’. La mujer, falta de ocurrencia, le llevó la chancha que tenían en el corral. El marido, molesto por la torpeza de su mujer, descendió del árbol y comenzó a pegarle. A los gritos de esta, aparece un compadre vecino que, en voz alta, le pregunta al furibundo marido. ‘Compadre, ¿por qué le está pegando a la comadre?’, a lo que este le contesta: ‘¡Por l’hacha!’ Entonces el compadre, muy conforme, le responde: ‘¡Muy bien, compadre, péguele no más!” (por lacha). “Lacho” es un chilenismo para referirse a una persona enamoradiza.

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Disfemismo

El disfemismo es lo contrario al eufemismo. El eufemismo suaviza o atenúa términos que pueden resultar ofensivos o referirse a algo no grato o no placentero, así al aborto se le llama “interrupción voluntaria del embarazo” y al pobre, “persona en riesgo de exclusión social”. A diferencia del eufemismo, el disfemismo busca nombrar algo de forma despectiva, escandalizar al hacer referencia al lado oscuro y cuestionable de las cosas. De esta manera, se dice “comida chatarra” para referirse a la comida rápida;  “matasanos”, al doctor;  y “árboles muertos”, a los libros.

Gracias, Quino.

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10 palabras que quizás estés empleando inadecuadamente o algunos errores que incluso yo he cometido

En mi trabajo como editora y revisora de textos, en el que me tengo que poner la gorra del “enfoque prescriptivo“, me tropiezo a menudo con palabras que son utilizadas comúnmente sin adecuarse a la norma; palabras que no son idóneas de acuerdo al contexto de la comunicación, al registro y ámbito en el que se formulan lo textos. En fin, errores comunes que incluso yo he cometido.

Porque no somos un diccionario ambulante, aquí te ofrezco una lista de diez palabras que ameritan tu atención porque son causa frecuente de errores, dudas y vacilaciones.

  1. Digresión. Cuántas veces no hemos leído o escuchado: “A modo de disgresión, es necesario señalar…”. Sin embargo, la forma adecuada es digresión, término que, según el DRAE, quiere decir: “Acción y efecto de romper el hilo del discurso y de introducir en él cosas que no tengan aparente relación directa con el asunto principal”.
  1. Eventualmente no quiere decir lo mismo que el vocablo inglés eventually. En español, eventualmente es sinónimo de casualmente, por casualidad. Si quieres traducir Eventually, hazlo como finalmente, a la larga, con el tiempo.
  1. Libido no es esdrújula; es una palabra llana o grave que muchos tienden a considerar esdrújula. Del mismo modo, Intervalo, quizá por influencia de la publicidad de una toalla sanitaria, se tiende a esdrujulizar.
  1. Uno por ciento. El numeral uno se apocopa en la forma un solo cuando va seguido de nombres masculinos como en vi a un hombre. En la frase uno por ciento, el numeral va seguido por la preposición por, razón por la cual se recomienda emplear su forma no apocopada. Así que olvídate de ese un por ciento. 
  1. Friegaplatos. Los nombres compuestos por verbo y sustantivo, como limpiabotas o sacapuntas, se forman con la tercera persona del singular. Friega corresponde a la tercera persona del singular del verbo fregar, por lo tanto la forma adecuada que designa la máquina o producto para fregar platos es friegaplatos y no fregaplatos.
  1. Satisfará. Para conjugar el verbo satisfacer solo tienes que recordar que se conjuga como hacer. Por lo tanto la forma adecuada es satisfará, no satisfacerá. Es fácil: hará, satisfará; hizo, satisfizo; hecho, satisfecho. Listo, ya lo tienes.
  1. Divergir es sinónimo de discrepar. Diverjo y divergiré de las personas que emplean diverger en vez de divergir, quizá por influencia del verbo converger. Debido a que es regular es muy fácil de conjugar porque conserva su raíz en todos los tiempos verbales. Solo que cambia la g por la j ante las vocales a y o.
  1. Americano. La famosa frase que sintetiza la Doctrina Monroe “América para los americanos” quizá debió traducirse como “América para los estadounidenses”. ¿No hubiese sido más honesto? Ya me dirán que en política se hace un uso estratégico (mas no honesto) del lenguaje.
  1. Bizarro. Está tan expandido el empleo de esta palabra como sinónimo de raro, por influencia del inglés, que quizá te cause risa saber que en español, bizarro se emplea para describir a una persona valiente o generosa.
  1. Asequible se suele confundir con accesible. Asequible, entre otras acepciones, se refiere a algo que es fácil de adquirir o conseguir, y también para calificar algo que tiene un precio moderado.

Arabismos en el español de todos los días

Casi ocho siglos de ocupación árabe en la Península Ibérica dejaron en el español una huella importante de arabismos en el léxico cotidiano.

Desde 711 hasta 1492, la situación lingüística de Al-Andalus (nombre que recibió el territorio ocupado, es decir, más de dos tercios de la Península), fue compleja y cambiante. Aunque los conquistadores impusieron el árabe como lengua oficial, los vencidos siguieron usando la suya. Tenemos, entonces, que las variantes utilizadas comúnmente en Al-Andalus eran:

  • El árabe clásico, la lengua de las comunicaciones oficiales, la ciencia y la literatura.
  • El árabe vulgar en contextos informales, para conversar.
  • El latín para la liturgia, pues los mozárabes continuaron su práctica cristiana.
  • El latín vulgar o romance andalucí, hablado por los cristianos (aunque no únicamente), y del cual, lamentablemente, no se conserva mucha documentación.

En los reinos cristianos del norte peninsular, que resistieron la ocupación musulmana y emprendieron la Reconquista a partir del siglo XVI, se evidencian varias franjas lingüísticas: el gallego, el catalán, el castellano, el navarro-leonés, entre otros. Estas lenguas se repartirán en la Península durante la conquista cristiana y perdurarán, a diferencia del romance andalucí.

La situación lingüística de Al-Andalus se caracteriza por el contacto entre lenguas, que se produce durante las interacciones de la vida diaria, así como por la práctica del bilingüismo. Las consecuencias del contacto entre el árabe y el romance se observan en el español actual:

  • El sufijo -í para los gentilicios (marroquí, israelí) y para algunos sustantivos y adjetivos (jabalí, baladí).
  • La preposición “hasta”.
  • Los indefinidos “mengano” y “fulano“.
  • La interjección “ojalá”.
  • Algunas fórmulas y frases fijas árabes, que la lengua romance reprodujo y que perduran en la actualidad: “si Dios quiere”, “Dios mediante”, “Dios te guarde”, “Dios te ampare”.
  • Sin embargo, la influencia más importante del árabe en el español se produjo en el léxico. Como los árabes se dedicaron a la agricultura, las ciencias, el comercio, la construcción, la organización territorial y la artesanía, entre otros oficios, el español heredó una gran cantidad de vocabulario de índole utilitario. Aquí recojo algunos ejemplos:

 

Alcaparra, berenjena, alfalfa, zanahoria, azúcar, alcachofa, albaricoque, acelga, alcornoque, azafránnoun_140152_cc


 

Cifra, cero, algoritmo, álgebra, alcohol, químicanoun_186400_cc


 

Aldaba, azotea, alcoba, albañil, tabique, azulejo, albañalnoun_203305_cc


Barrio, arrabal, aldea, alcalde, alguacil, alcantarillanoun_206135_cc


Alfarería, taza, jarra, alicates, tarea, alfilernoun_80908_cc


Almacén, alcabala, tarifa, aduana, arancelesnoun_131530_cc


 

Fuentes consultadas:

La invasión árabe. Los árabes y el elemento árabe en español. Elena Toro Lillo

Lengua árabe y lenguas románicas. María Jesús Viguera Molins

¿Intraducible? No, difícil de traducir

Recientemente he notado la proliferación de artículos, incluso libros, que hablan de palabras intraducibles de una lengua a otra. En este artículo, por ejemplo, se mencionan palabras en español que no se pueden traducir al inglés, como “sobremesa”, “estrenar”, “pena ajena”, “antier”, “desvelado”, “friolento”, “merendar”, entre otras.

Esta moda de los intraducibles parte de la creencia errónea de que el acto de traducir consiste en encontrar una palabra equivalente para cada una de las palabras del texto a traducir. A esto se le conoce con el nombre de “traducción literal o transcodificación”. La transcodificación es lo que hacen los traductores automatizados y se utiliza, en pedagogía de la traducción, para demostrar lo que no se debe hacer porque los resultados son desastrosos.

Traducir, en cambio, es una operación compleja, que implica la compresión del sentido de un texto de acuerdo a un contexto comunicativo, y la reformulación del sentido en otra lengua. En este proceso el traductor puede encontrar nociones difíciles de traducir porque no existen en el inventario de la lengua a la cual se traduce. Por lo tanto, se necesitará un poco más de explicación. Y si las diferencias culturales son inmensas, nunca está demás una nota explicativa del traductor. Por ejemplo, en el caso (descontextualizado) de “sobremesa”, se podría decir en inglés: “the time spent talking after eating“. Desde este punto de vista, todo se puede traducir o todo se puede comunicar en otra lengua. No se traducen palabras sino el sentido de un texto. ¿Intraducible? No, difícil de traducir de manera sucinta. ¿Que el texto pierde eficacia o que no logra transmitir ese je ne sais quoi del texto original? Esa es otra discusión.

Cada lengua posee un inventario particular para referirse a las entidades que conforman la realidad de una comunidad de hablantes. Este inventario depende no solo de las propiedades inherentes de los objetos, sino también de la cultura, la percepción de los hablantes y las convenciones de la lengua. Cada lengua disecciona la realidad de manera distinta. Así, en alemán existen dos verbos para referirse a la acción de comer, uno para los animales y otro para los humanos (fresen, essen). En francés se hace la distinción entre “río no navegable” y “navegable” (rivière, fleuve). En español distinguimos entre “patada” (de una persona) y “coz” (de un animal), entre “manotada” y “zarpazo”, entre “pescado” y “pez”. En náhuatl existen palabras para designar los pelos del cuello (cocotzontli), la cabeza (tzontecomatl), la cabeza sin la cara (cuaitl), y los pliegues flácidos a los lados de las comisuras de los labios (tentzotzol).

El hecho de que una lengua posea un término preciso para un determinado objeto, no la hace mejor o más profunda o más completa, como se tiende a pensar. Lo que resulta fascinante de todo este asunto, a mi parecer, es observar la capacidad de los seres humanos de inventariar las más variadas y sutiles realidades para poder comunicarnos.

Fuentes consultadas:

Lengua, cosmovisión y mentalidad nacional de José Antonio Díaz Rojo.

12 untranslatable words (and their translations) de David Shariatmadari.

Metafóricamente hablando

La metáfora es una figura del lenguaje que hace uso de la comparación entre dos elementos que guardan ciertas similitudes para extender su significado y enriquecer las connotaciones. Comúnmente se utilizan en el lenguaje poético como bien lo explica Neruda, interpretado por Philippe Noiret, en esta escena de la película Il Postino:

Las metáforas, sin embargo, no es solo cosa de poetas. Las empleamos en el lenguaje de todos los días como herramienta comunicativa. Hay metáforas que están tan arraigadas en nuestro discurso que no nos damos cuenta de su existencia. “Pata de la mesa”, “calle ciega”, “pie de la montaña”, “palma de la mano”, entre muchas otras unidades lingüísticas, son ejemplos de lo que se denomina metáfora muerta o lexicalizada.

También empleamos metáforas que ya no parecen metáforas porque sus rastros se perdieron en el tiempo. Son palabras que se crearon por su parecido a otra cosa y cuyos orígenes se pueden precisar gracias a un estudio etimológico. Por ejemplo, en medicina se utiliza la palabra “germen”, que se tomó de la botánica, porque se creía que las enfermedades se originaban por semillas, como las plantas.

La cabeza, en muchas lenguas, se compara con un recipiente en el cual podemos meter y sacar cosas, metáfora de la que resultan expresiones como “no caberle a alguien una cosa en la cabeza” o “meterle a alguien una cosa en la cabeza.” Aquí cabe mencionar una historia interesante de las lenguas romances. “Cabeza” viene del latín vulgar capitia, del que también se deriva el término portugués cabeça. En italiano y en francés, “testa” y “tête” respectivamente significan cabeza y se constituyeron gracias al uso de una metáfora. Su etimología se remonta a la palabra latina testa, que literalmente significa “vasija” y del cual se deriva la palabra española “tiesto”, que quiere decir recipiente de barro.

De la asociación entre altura y prestigio o virtud, y viceversa, se derivan: alta costura, bajo mundo, alta sociedad, bajos instintos, baja estima, altas esferas, baja calidad, entre muchos otros ejemplos. ¿Por qué de las alturas solo hay que esperar cosas buenas? Vaya usted a saber.

En su libro Metáforas que nos piensan, Emmánuel Lizcano hace un análisis de las metáforas que usamos en el lenguaje cotidiano y que manifiestan nuestra visión del mundo, al  tiempo que nos condicionan. El autor prefiere llamarlas zombis porque “se trata de auténticos muertos vivientes, muertos que viven en nosotros y nos hacen ver por sus ojos, sentir por sus sensaciones, idear con sus ideas, imaginar con sus imágenes.”

Un ejemplo de esto último lo constituye la representación de la idea de Progreso, construida sobre la base de metáforas relacionadas con el tiempo: el tiempo como espacio. Empleamos el término territorial “atrás” para decir “antes”, “en el pasado”, acompañado con el gesto de la mano. De la misma manera, el futuro se encuentra adelante. Es curioso que en lengua aymara, el tiempo también está territorializado, sin embargo, el pasado está adelante porque se puede ver (o rememorar), y el futuro está atrás porque no se conoce y no se puede ver. Y los hablantes de aymara (que son más de dos millones, distribuidos alrededor de la cordillera Andina) también hacen el gesto con la mano.

Volviendo a la concepción occidental del tiempo y al libro de Lizcano, se dice de alguien o algo que “está anclado en el pasado”, como si el pasado fuera un sitio del cual sujetarse. O se “labra el futuro”, como si se tratara de un terreno que se prepara para la siembra. Estas expresiones ponen de manifiesto los valores asociados a las metáforas: el futuro es prometedor, da frutos si se trabaja laboriosamente, es fértil; y el pasado es un sitio del cual hay que liberarse, salir. Frases frecuentemente utilizadas en el lenguaje político y publicitario como “salir del siglo XX”, “entrar en el siglo XXI”, “retroceder al pasado”, expresan una oposición clara a las culturas tradicionales basadas en conocimientos ancestrales, que pasa desapercibida y que responde a un propósito ideológico.

Las metáforas en el lenguaje cotidiano es un tema tan interesante como amplio. De ello seguiremos hablando en próximas entregas.

Fuentes consultadas:

Ignacio Apaza . Metáforas temporales en lengua aymara.

Emmánuel Lizcano. Metáforas que nos piensan 

Pedro J. Chamizo. La metáfora (semántica y pragmática)

¡Creced y reduplicad!

En español, inglés y francés (y en muchísimas otras lenguas) se produce lo que en lingüística se conoce con el nombre de reduplicaciones. Se trata de la repetición deliberada de una palabra, frase o segmento de una palabra con el fin de producir un efecto determinado.

En español, tal como lo explica el autor de este artículo, se producen las siguientes estucturas reduplicativas:

  1. Compuestos reduplicativos del tipo “tictac” y “zigzag”.
  2. Repetición de una parte del dicurso para enfatizar el mensaje: “no vas, no vas y no vas”, diría un padre a su hijo para manifestar su resolución.
  3. Repetición de palabras:
    1. Con el fin de enfatizar una cualidad o atributo de la cosa o persona de la que se habla: “la ensalada está rica-rica”; o uno de los dos extremos de la graduación: “el hombre era negro-negro », “gordo-gordo no está, está rellenito”.
    2. Cuando el término repetido no es graduable, el efecto es de precisión: “sigue recto-recto, hasta el final”.
    3. También puede indicar un prototipo, como en el caso de “sofá de cuero-cuero”. Existen pieles sintéticas que imitan la textura del cuero, pero el prototipo es la piel de los animales, el cuero-cuero, lo que se dice cuero.

En los artículos consultados para la redacción de esta entrada, no se mencionan las estructuras rítmicas del tipo “a la orden, no hay por dónde”; “qué te pasa, calabaza”; “hola, caracola”; “chao, pescao”. En el caso del inglés, como veremos a continuación, estas combinaciones rítmicas son consideradas como estructuras reduplicativas.

En inglés, el fenómeno del que hablamos se denomina reduplicación contrastiva (contrastive focus reduplication), y, según este artículo, hay diferentes clases de reduplicación:

  1. En el lenguaje de los niños pequeños “choo-choo” (chuu-chuu).
  2. Schm-reduplication. La prefijación -schm manifiesta una actitud despreciativa hacia una cosa o persona: “Calories schmalories, eat a piece of cake!” ¡Al diablo con las calorías, cómete un trozo de pastel!
  3. Combinaciones rítmicas como “okey-dokey”.
  4. Compuestos reduplicativos como “zig-zag” y “sing-song”.
  5. Repeticiones de palabras para enfatizar: “you are mad mad mad!” (¡estás loco-loco-loco!).
  6. Reduplicación con el fin de determinar el prototipo, eliminar la ambigüedad o clarificar una situación. Algunos ejemplos son:
    1. We are not living together-living together” (no estamos viviendo juntos-viviendo juntos*), significa que no están viviendo formalmente juntos, como lo haría un matrimonio, la convivencia, quizá, es de fines de semana, entre muchas otras alternativas que se desvían de lo que se considera prototípico.
    2. Is it fancy or fancy-fancy?”, ¿es elegante o muy elegante?
    3. Relacionado con el tema que nos ocupa, este anuncio publicitario de un book-book cae como anillo al dedo. En él se promocionan los atributos de los libros (libros-libros), en contraste con los libros digitales.
    4. ¿Qué tal este ejemplo en el que la reduplicación sirve como aclaratoria?

A: “I went to the bookstore with John yesterday”. (Ayer fui a la librería con Juan.) B: “You, guys, make a great couple.” (Ustedes son una pareja estupenda.) A: ” No, I didn’t go with John-John, I went with a co-worker named John.” (No, no fui con mi Juan, fui con un colega llamado Juan).

En cuanto al francés, extraje la siguiente información de este artículo:

  1. El diminutivo o la atenuación se puede marcar con la repetición del comienzo de una palabra, como en “fifille” (mujercita), “bébête” (tontuelo) y “foufou” (loquillo, locuelo), entre otros.
  2. Para especificar la cualidad de la persona o de la cosa dentro de una gama de posibilidades: “Le mur est bleu, bleu” (el muro es azul-azul) indica que, de todas las gradaciones posibles, es azul, no azul claro ni azul grisáceo, azul-azul.
  3. Quizá el caso más musical de la reduplicación en el caso del francés se encuentra en la variante quebequense. Se trata del extensamente empleado “là, là”: “ Quand ça? Là là? , ¿cuándo? ¿ahora mismo?

* Traducción literal. He anotado entre paréntesis la traducción literal o palabra por palabra y no la traducción del sentido con el fin de proporcionar una guía a los lectores que no conocen ni el francés ni el inglés.

Martillando

En la entrada anterior hablé de cómo nos servimos de los clavos y de la acción de clavar para explicar la realidad o expresar diferentes ideas, sentimientos o conceptos en francés, inglés y español. Como a cada clavo le llega su martillazo, esta entrada se la dedico a “martillar” o “martillear” (ambos vocablos considerados correctos, aunque menos usual el segundo), que significa dar golpes con el martillo. “To hammer” en inglés,“marteler” en francés.

  •  En francés y en español, una angustia o tormento que agobia el espíritu, se manifiesta echando mano del martillo: “marteler la tête” (martillar la cabeza*) y “martillar la cabeza”.
  • También se martilla el discurso* cuando alguien dice: “martelez le discours!”, es decir, ¡articule cada palabra por separado, con fuerza! Las palabras son como clavos, se martillan.
  • La expresión “marteler le message” quiere decir insistir, hacer énfasis en una idea o mensaje. En español, se emplea una fórmula equivalente: martillar o machacar un mensaje como lo haría la publicidad, por ejemplo. En inglés, “to hammer something home” (martillar algo centro*), se refiere a insistir, recalcar o exponer convincentemente una idea para que quede claro en la mente del otro.
  • Martillar, en Venezuela, se utiliza no solo para guindar cuadros en la pared sino para pedir dinero, en un registro familiar. Cuando la autoridad soborna al ciudadano o una persona le pide dinero prestado a otra, ellos martillan.
  • En inglés, “hammered” (martillado*) es estar borracho; y en francés, “être marteau” (ser martillo*)  o “devenir marteau” (convertirse en martillo*) es estar loco, ido, como un cencerro. Locura y ebriedad parecen ser las secuelas de un buen martillazo en la cabeza.
  • “Under the hammer” (debajo del martillo*) se refiere a estar un objeto en subasta, esperemos que sea vendido antes de que estalle en pedazos.

* Traducción literal. He anotado entre paréntesis la traducción literal o palabra por palabra y no la traducción del sentido con el fin de proporcionar una guía a los lectores que no conocen ni el francés ni el inglés.