Palabras que aparecen cuando no las estoy buscando

Ignoraba que el español tenía una palabra para designar el desespero que siento en los centros comerciales, eventos masivos u otros baños de masa. En México, se utiliza comúnmente el verbo “engentarse”, que se refiere al aturdimiento o hastío que se experimenta por el contacto con la gente en tumultos o concentraciones. Me engento con facilidad, digo ahora con toda propiedad.

Desconocía también que ese juego de palabras tan popular de mi infancia, que consistía en agregar después de cada sílaba la letra “p” y la vocal que se encuentra en la sílaba, responde al nombre “jerizonga”. Es un “juepegopo depe papalapabraspa”. También se le conoce como “jeringonzo”, “geringonso” o “jerigoncio”.

Las palabras compuestas “elevalunas”, mecanismo para subir y bajar los vidrios de las ventanillas de los carros, y “tentenelaire”, sinónimo de colibrí en Argentina, son sabrosas de pronunciar, palatales y metafóricas, como para bautizar un negocio. “Pajarería tentenelaire, buenos días, en qué le puedo ayudar”, y el canto de los pájaros de fondo. “Taller mecánico Elevalunas, a la orden”. (Esta no me la creo. La combinación “luna” y “mecánico” es algo improbable).

“Jeme” designa la distancia entre el pulgar y el índice con la mano extendida. No es lo mismo que “palmo”, que es la distancia entre el dedo pulgar y el dedo meñique. “Palmo”, según el Ngram Viewer, es un término más utilizado que “jeme”, por lo que es más conocido. En el poema de Alberto Arvelo Torrealba, Florentino y el diablo, el diablo se presenta al duelo contra el coplero Florentino, con un puñal de jeme y medio: “Un golpe de viento guapo/le pone a volar la blusa,/y se le ve jeme y medio/de puñal en la cintura”.

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Te regalo un insulto

Una noticia publicada en La Voz de A Coruña informa que un gallego, condenado a prisión por violencia de género, insultaba a su esposa llamándola: “cerda, guarra, tragaldabas, derrochona”. De los cuatro improperios, “tragaldabas” me obliga a ir al diccionario. Se refiere a una persona glotona, tragona (¿que se comió hasta las aldabas?), por lo que presumo que es una palabra compuesta por las palabras “tragar” y “aldaba”. A la hora de acuñar insultos, nos servimos de la composición como procedimiento recurrente para darle rienda suelta a nuestros demonios. En lingüística se llama composición al procedimiento mediante el cual se forman nuevas palabras al unir dos raíces de palabras distintas o al juntar palabras para formar una nueva unidad lingüística. Así tenemos: sacapuntas, aguafiestas, comegente, pelirrojo, hispanohablante, altibajo, sueldo base, hombre lobo, etc.  Nótese la variedad de las combinaciones: verbo + sustantivo (sacar+punta); sustantivo+adjetivo (pelo+rojo); sustantivo+sustantivo (hombre lobo), entre muchas otras posibilidades.

Y en cuanto a los insultos, pues ya lo estarán anticipando. “Lameculo”, “comemierda”, “mamagüevo” son insultos que colocan al receptor ejecutando ciertas acciones consideradas reprobables y que combinan un verbo y un sustantivo. “Hijoputa” proviene de la unión de dos sustantivos y es un clásico en el arte del insulto: apuntar a la parentela. Y bueno, ya ustedes sabrán tantos otros.

El gallego que le dio una paliza a su esposa por darle una manzanilla fría, me hace tomar conciencia de mi limitado inventario de insultos, por lo que me dedico a buscar otras palabras compuestas, acuñadas con el simple propósito de ofender, sin genitales, familia ni excrementos. Palabras poco usadas o en el olvido que esperan ser rescatadas desde lo profundo del diccionario. Comparto, pues, el resultado: una pequeña selección de insultos rimbombantes, musicales y curiosos para aquellos que no buscan ultrajar, sino dejar perplejo al adversario:

El cantamañanas es alguien que no merece crédito alguno porque promete villas y castillos sin cumplir con su palabra. Sinónimo de parlaembalde o habla paja, el cantamañanas es primo hermano del vendehúmos, el que simula conocer o codearse con personas influyentes para obtener beneficios de la falsa relación. Otro que presume lo que no es, es el perdonavidas, un fanfarrón que se las da de violento sin serlo. El mamacallos es un hombre tonto y pusilánime, mientras que pelafustán no es un país de Asia Central, sino un pelagato, un individuo insignificante en la sociedad, un limpio que no tiene donde caerse muerto.

Si en algo te ofendí, perdón.