Por qué un “segundo” recibe el nombre de “segundo” y sobre el curioso origen de otras palabras

Descubrir con placer la etimología de las palabras figura entre las cosas que, según Jorge Luis Borges, nos hacen mejores seres humanos, tal como se puede leer en su poema Los justos, publicado en 1981. Porque comulgo con este poema, escribo a menudo sobre hallazgos etimológicos que me causan admiración. Aquí les presento una pequeña selección.

“Segundo” tiene su origen en la voz latina “secundus”, que a su vez se deriva de “sequor”, que significa “seguir”, ya que sigue al primero en la numeración ordinal. Pero ¿por qué “segundo”, la sexagésima parte de un minuto, recibe este nombre? En el Sistema Internacional de Unidades, el segundo es la segunda división de la hora en sesenta partes; la primera es el minuto.

Se presume que el origen de “hincha” se sitúa a principios del siglo XX, en Uruguay, específicamente en el Club Nacional de Fútbol, donde trabajaba el Hincha, así apodado porque era el que hinchaba los balones. A fuerza de soplar, el Hincha tenía un vozarrón impresionante que utilizaba para darle ánimos a su equipo y que lo hizo famoso. Así, su nombre se generalizó a todo aquel que exhibía ruidosamente su adhesión a un equipo deportivo.

Se dice que en la Edad Media los grandes bigotes de los normandos causaron gran impresión a los habitantes de la Península Ibérica. Debido a que los germanos empleaban frecuentemente la interjección “bi Got!” (¡por Dios!), los ibéricos se referían a ellos como los “bigot”, vocablo que con el tiempo pasó a designar el mostacho. A diferencia del español, las otras lenguas romances poseen un término parecido a “mostacho”, voz que proviene del griego y significa “labio superior”, para referirse a este “accesorio” masculino.

Los que bautizaron al traje de baño compuesto de tres partes con el término “trikini”, pensaron erróneamente que la sílaba –bi de “bikini” se refería al prefijo latino que significa “dos” o “dos veces”, como en “bicéfalo” y “bíceps”. El origen de la palabra “biquini” o “bikini” nos lleva al atolón Bikini de las Islas Marshall, donde los EE.UU. realizaron pruebas de bombas nucleares. En 1946, el francés Louis Réard aprovechó la polémica mundial causada por estas pruebas para bautizar un producto que, por ser el traje de baño más pequeño del mundo, causaría aún más revuelo y excitación. El nombre es moderno, sin duda, mas no la prenda, que ya había sido utilizada en el s. IV d.C., como lo demuestran las chicas en biquini de los mosaicos romanos de la villa del Casale, en Sicilia.

Fuentes consultadas:

http://www.elcastellano.org

http://etimologias.dechile.net

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Clavando clavos

file211239818178Clavos de luna nos funden / mi cintura y tus caderas
Federico García Lorca. Bodas de sangre

Del latín “clavus” se derivaron “clavo” en español y “clou” en francés. Ambos términos hacen referencia a la pieza pequeña de metal con punta y cabeza que sirve para guindar o asegurar una cosa sobre otra.

La palabra inglesa “clove” tiene dos acepciones y dos etimologías distintas que convergieron en la misma palabra. Puede significar clavo de olor (derivado del francés clou de girofle) y también diente de ajo (como puede leerse aquí). En inglés, encontramos el sustantivo “nail” con dos acepciones: clavo y uña, y también “clavus”, callo de los pies en la jerga médica.

La imagen del clavo y la acción de clavar clavos es usada en las tres lenguas en expresiones metafóricas o que hacen un uso figurado del lenguaje con el fin de expresar ideas, conceptos y sentimientos. Aquí anotaré algunas de estas expresiones:

  • “Dar en el clavo” es acertar en lo que se hace o dice sin estropearse el dedo en el proceso y tiene su equivalente en inglés: “hit the nail on the head” (golpear el clavo en la cabeza*).
  • La autoría de la expresión “un clavo saca otro clavo” se atribuye a Cicerón, y quiere decir que una pena se olvida si se remplaza por un nuevo amor.
  • “Un clou chasse l’autre” (un clavo caza otro clavo*), se utiliza para expresar la idea de reemplazo o de continuación de alguien en lugar de otra persona, sin el añadido emocional de la expresión anterior.
  • El clavo es como una idea en “Enfoncer le clou” (hundir el clavo*), expresión que significa convencer a una persona machacando la idea.
  • “Cogner des clous” (golpear clavos*) se utiliza cuando alguien está cabeceando a causa del sueño. Cabeza de martillo, clavos de sueño.
  • En “Tomber comme des clous” (caer como clavos*), que se utiliza para decir que llueve a cántaros, los clavos son gotas de agua.
  • Del verbo “clavar” se deriva el sustantivo “clavado”, que en países como Ecuador, Honduras, Venezuela, Colombia, Argentina y Uruguay designa el deporte en el que una persona salta a una piscina desde un trampolín. Y el atleta que lo ejecuta no es un clavo humano, es un clavadista.
  • “Clavar”, como es de esperarse, se usa en algunos países de Hispanoamérica para referirse al acto sexual. En inglés, la expresión “nailed it” (lo clavé*), entre otras cosas, alude a la misma cuestión en el lenguaje coloquial. Clavus phallicus.
  • ¿Será este último uso metafórico la razón por la que “clavar” también se emplea como sinónimo de engañar y estafar?, ¿tendrá que ver con violación en su sentido sexual?, ¿será por esto que, en Venezuela, un estudiante que exclama:”¡me clavaron!” al referirse a un examen denota vejación debido a la dificultad de la prueba? Sin embargo, un estudiante anglófono que ha estudiado para el examen como Dios manda, manifestará su satisfacción diciendo: “I nailed it!”.
  • En la tradición católica, los clavos son divinos. De allí la expresión “¡por los clavos de Cristo!” para enfatizar una súplica.

* Traducción literal. He anotado entre paréntesis la traducción literal o palabra por palabra y no la traducción del sentido con el fin de proporcionar una guía a los lectores que no conocen ni el francés ni el inglés.