¿Intraducible? No, difícil de traducir

Recientemente he notado la proliferación de artículos, incluso libros, que hablan de palabras intraducibles de una lengua a otra. En este artículo, por ejemplo, se mencionan palabras en español que no se pueden traducir al inglés, como “sobremesa”, “estrenar”, “pena ajena”, “antier”, “desvelado”, “friolento”, “merendar”, entre otras.

Esta moda de los intraducibles parte de la creencia errónea de que el acto de traducir consiste en encontrar una palabra equivalente para cada una de las palabras del texto a traducir. A esto se le conoce con el nombre de “traducción literal o transcodificación”. La transcodificación es lo que hacen los traductores automatizados y se utiliza, en pedagogía de la traducción, para demostrar lo que no se debe hacer porque los resultados son desastrosos.

Traducir, en cambio, es una operación compleja, que implica la compresión del sentido de un texto de acuerdo a un contexto comunicativo, y la reformulación del sentido en otra lengua. En este proceso el traductor puede encontrar nociones difíciles de traducir porque no existen en el inventario de la lengua a la cual se traduce. Por lo tanto, se necesitará un poco más de explicación. Y si las diferencias culturales son inmensas, nunca está demás una nota explicativa del traductor. Por ejemplo, en el caso (descontextualizado) de “sobremesa”, se podría decir en inglés: “the time spent talking after eating“. Desde este punto de vista, todo se puede traducir o todo se puede comunicar en otra lengua. No se traducen palabras sino el sentido de un texto. ¿Intraducible? No, difícil de traducir de manera sucinta. ¿Que el texto pierde eficacia o que no logra transmitir ese je ne sais quoi del texto original? Esa es otra discusión.

Cada lengua posee un inventario particular para referirse a las entidades que conforman la realidad de una comunidad de hablantes. Este inventario depende no solo de las propiedades inherentes de los objetos, sino también de la cultura, la percepción de los hablantes y las convenciones de la lengua. Cada lengua disecciona la realidad de manera distinta. Así, en alemán existen dos verbos para referirse a la acción de comer, uno para los animales y otro para los humanos (fresen, essen). En francés se hace la distinción entre “río no navegable” y “navegable” (rivière, fleuve). En español distinguimos entre “patada” (de una persona) y “coz” (de un animal), entre “manotada” y “zarpazo”, entre “pescado” y “pez”. En náhuatl existen palabras para designar los pelos del cuello (cocotzontli), la cabeza (tzontecomatl), la cabeza sin la cara (cuaitl), y los pliegues flácidos a los lados de las comisuras de los labios (tentzotzol).

El hecho de que una lengua posea un término preciso para un determinado objeto, no la hace mejor o más profunda o más completa, como se tiende a pensar. Lo que resulta fascinante de todo este asunto, a mi parecer, es observar la capacidad de los seres humanos de inventariar las más variadas y sutiles realidades para poder comunicarnos.

Fuentes consultadas:

Lengua, cosmovisión y mentalidad nacional de José Antonio Díaz Rojo.

12 untranslatable words (and their translations) de David Shariatmadari.

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